Recuerdo de Néstor Pedro Sagüés

Néstor P. Sagüés

Recuerdo de Néstor Pedro Sagüés

Néstor Sagüés: gran maestro, admirable persona, gran amigo

Lo he escrito ya varias veces: no tengo dudas de que, con diferencia, lo mejor de la vida académica son los maestros y los discípulos. En mi caso personal, siempre he tenido claro que una de las grandes fortunas de mi vida académica ha sido el poder no solo conocer, sino compartir muchos momentos, encuentros académicos y conversaciones personales, con profesores e investigadores cuyos estudios previamente he leído, y que han aportado elementos esenciales para mi aprendizaje del Derecho Constitucional. Ellos son los maestros, porque su contribución al derecho y a la formación de juristas como quien esto escribe ha sido fundamental. Es por eso es un privilegio poder conocerlos personalmente, conversar y disfrutar con sus conocimientos y su experiencia. En mi caso, pocas personas podrían ejemplificar mejor esta situación que Néstor P. Sagüés.

Su trascendencia para la disciplina jurídica ha sido, es, y seguirá siendo, objetiva e incuestionable, muy especialmente en el ámbito constitucional. No menor es la ausencia que provoca la pérdida de una figura académica de enormes dimensiones, en este caso en el ámbito del derecho iberoamericano y europeo. Y, desde luego, en lo personal, el dolor por la falta del maestro, el compañero y el amigo.

Sin duda esta obra colectiva incluirá muy amplios detalles de su trayectoria personal y académica. Aquí aportaré apenas unas pinceladas, porque prefiero centrarme en aspectos y anécdotas más personales. Rosarino nacido en 1942, se graduó y obtuvo el doctorado en esta misma universidad, aunque también fue doctor por la Universidad Complutense de Madrid. Amplió estudios en la Academia de Derecho Internacional de La Haya y en el Instituto Max Planck de Heidelberg.

Sus aportaciones académicas al Derecho Constitucional, en forma de publicaciones de relevancia, son inconmensurables. Sin poder llevar a cabo aquí una enumeración de sus obras, ni el exhaustivo análisis y comentario que requieren, cabe decir que en nuestra disciplina son pilares esenciales sus trabajos sobre Teoría de la Constitución, Derecho Procesal Constitucional, interpretación jurídica… Siempre estuvo no solo al día de los últimos avances doctrinales y jurisprudenciales, sino constituyendo él mismo la vanguardia de las investigaciones sobre el derecho constitucional iberoamericano. En esta línea, y como mero ejemplo entre tantas otras cuestiones que cabría destacar, realizó aportaciones de importancia sobre los principios del derecho indígena y la necesidad de “modulación” que estos imponen al constitucionalismo occidental.

También conoció la práctica de la actividad jurisdiccional en diversas cámaras de apelaciones. Como docente, fue profesor titular emérito en la Universidad de Buenos Aires, pero también ejerció docencia en otras universidades como la Universidad Católica Argentina y la Universidad Austral, así como en un sinfín de instituciones académicas iberoamericanas y europeas.

Aquí quisiera hacer una mención especial a su vínculo, muy intenso en los últimos años, con nuestra Universidad de Castilla-La Mancha, y específicamente con el área de Derecho Constitucional en el campus de Toledo, de la que soy responsable. Aquí impartió numerosas conferencias, cursos, y sesiones variadas, tanto presenciales como online. También colaboró con publicaciones, específicamente para el Anuario Parlamento y Constitución que me honra codirigir, y que coeditan la Universidad de Castilla-La Mancha y las Cortes regionales. Pero sobre todo, participó reiteradamente en nuestra Especialidad de Justicia Constitucional, que primeramente ofrecíamos en el mes de enero, y desde 2013 en julio, y que congrega a más de 70 profesores y más de cien cursantes, juristas europeos e iberoamericanos. En ella Néstor llegó a ser uno de los conferenciantes principales y más destacados. Con ella se comprometió, y cumplió su compromiso siempre que le invitábamos. Y cuando no pudo venir, lo mantuvo participando online. Incluso este mismo año 2024 había confirmado su participación por esta última vía, y solo su fallecimiento apenas un mes antes lo hizo imposible. Pero siempre agradeceré su compromiso, no solo por lo que tiene de vínculo y de aprecio personal, sino porque su mantenimiento pone de relieve hasta qué punto el gran Néstor Sagüés dio siempre gran importancia al mundo académico y a sus compromisos en este terreno. No se deja una conferencia comprometida por cualquier incidencia. No, al menos, cuando tienes verdadera vocación, cuando eres un enamorado del derecho, de la universidad y de la academia, como era al profesor Sagüés, a quien algunos, en esto como en tantas otras cosas, pretendemos imitar. Por eso no puedo dejar de contar -y creo que puedo hacerlo porque ella lo dijo en público- que me emocioné profundamente cuando su hija, la también insigne jurista María Sofía Sagüés, me contó que cuando a última hora Néstor estaba enfermo y postrado en el hospital, y ella le comentó que ella estaba invitada al curso de Toledo, pero que podía cancelarlo en tal situación (lo que hubiera sido absolutamente justificado y comprensible), él inmediatamente contestó: “¡ni se te ocurra!”, conminándola a venir a Toledo aun cuando eso podría haber supuesto el no acompañarle en su lecho de muerte.

Por nuestra parte, no podíamos dejar de corresponder con un reconocimiento, que para nosotros es simbólico pero muy importante, porque expresa nuestra gratitud para los grandes maestros que saben mantener ese compromiso con la academia. Por eso fue la primera persona a la que quisimos ingresar en nuestra Orden de Derecho Constitucional Toledo, de la que no cabe dar más detalles en este lugar, pero que, como digo, ha venido desde entonces englobando a los académicos a los que más queremos, por sus méritos, por su compromiso y por su cercanía con nosotros. Y debo decir también que, a título póstumo, ha sido la primera persona en alcanzar el máximo rango en esta orden, que obviamente denominamos “rango constitucional”. Solo una muestra, meramente simbólica pero muy profunda para nosotros, del afecto que le hemos profesado siempre.

Llegados a este punto, y más allá de sus aportaciones al derecho, me gustaría apuntar algunos otros aspectos en los que destacaba. Fue una persona auténtica y profundamente culta, conocedor riguroso y metódico de la historia, la geografía, el arte, la literatura, y específicamente en el ámbito hispano. Un conversador de gran nivel, una de esas personas con las que era un gran gusto comer o cenar por lo mucho que de él siempre se aprendía, incluso de aspectos de la cultura española, que conocía y amaba.

Tenía un sentido del humor impresionante y siempre estaba presto a la ironía. Podría contar tantas anécdotas en este terreno… pero como homenaje a esa forma de ser tan maravillosa no me resisto a apuntar apenas dos. Una de ellas, su reacción cuando, la primera vez que coincidimos en la ciudad de Cádiz, le perdí involuntariamente por las zonas portuarias y menos agraciadas de la ciudad, tratando de mostrarle desde dónde los franceses bombardeaban la llamada “tacita de plata” durante la Guerra de la Independencia. Él lo tomó con gran humor, y con su fina ironía hablaba del original paseo y recorrido que le di por la ciudad, aun por algunas zonas menos conocidas…

La segunda anécdota se refiere al profesor Robert Alexy, pues cuando coincidieron en Toledo en una de las ediciones de la Especialidad, el maletín que regalábamos con algunos libros se le rompió por el asa al profesor de Kiel, a lo que el gran Néstor comentó que quizá no se había calculado bien la fórmula del peso…

En fin, siempre voy a extrañar al gran Néstor Pedro Sagüés. Todavía a veces me parece que puedo llamarle o escribirle, volver a invitarle o pedirle cualquier colaboración, o que volveremos a coincidir en cualquier evento por tierras iberoamericanas o españolas, como tantas veces nos sucedió. De alguna manera sé que, realmente, ahí sigue, y como el gran académico que ha sido, seguirá vivo mucho tiempo en sus obras, en el recuerdo de los que le conocimos, en las enseñanzas y la profunda huella que deja en tantas personas, y desde luego en quien esto escribe. Fue un verdadero maestro en todo lo que hizo, yo siempre le consideraré así; pero por encima de todo he perdido al gran amigo que tuve. Esa amistad ha sido y será siempre un orgullo y un gran privilegio para mí.

Francisco Javier Díaz Revorio
Catedrático de Derecho Constitucional
Universidad de Castilla-La Mancha (Toledo, España)